lunes, 7 de noviembre de 2016

ZORAIDA DÍAZ (1881-1948)

Nació en Las Tablas, provincia de Los Santos, el 20 de Marzo de 1881. Hija de Don Francisco Díaz Medinay de Doña Carolina Chamize de Díaz. Realizó sus estudios primarios en el centro escolar de su ciudad natal. Pasó, luego, a la Escuela Normal de Institutoras de la capital.
Inició su carrera de maestra en Las Tablas y desde el primer momento demostró gran sensibilidad social al crear un curso nocturno para analfabetos. Esa iniciativa, a solicitud de poderosos caciques y gamonales que veían en su labor docente amenazas a su autoridad, le costó el cargo.
El período inmediato a su boda con Don Eleazar Escobar Restrepo, maestro colombiano y entonces alcalde de la ciudad de Las Tablas quien murió en la agitada revolución de 1899, estuvo lleno de desgracias. A su temprana viudez le siguió la muerte de su segunda hija de dos años de edad. En esas horas de dolor y dificultades empezó a escribir poemas.
Volvió al magisterio y se la nombra directora de la Escuela de Chitré. Allí escribió la mayor parte de los versos que publicó. Regentó la Escuela de Las Tablas por varios años. Luego se le trasladó como maestra a la Escuela de Varones de la capital, la más popular y numerosa de la época.
En 1915 contrajo matrimonio con el comerciante español Don Pedro Ross y, días después, publicó en La Estrella de Panamá el poema Primavera, bella poesía escrita bajo el influjo de su nuevo amor.
Su dicha, sin embargo, no duró mucho. No había pasado un mes de su llegada a La Palma, provincia de Los Santos, cuando su esposo cae enfermo por una afección cerebral y muere camino a España, donde había sido enviado en busca de cura a su enfermedad. Este acontecimiento llenó de dolor su alma y la sumió en una profunda tristeza por algunos años, durante los cuales, su lira permaneció muda.
Trató de rehacer su vida y consiguió empleo en el Archivo Nacional, lugar donde trabajó hasta su jubilación. En 1918 celebró su tercer matrimonio con el ruso Mendel S. Schtronn, con quien estuvo casada hasta su muerte.

LOGROS
Reconocida como la primera mujer panameña que publicara un libro de versos: De los Talleres Gráficos de El Tiempo, sale en el año 1922, Nieblas del Alma, breve folleto donde la poetisa reúne casi toda su obra literaria; romántico, sentimental, lleno de melancolía, en el que se encuentra el Sonetillo titulado: 'Deseos'.

Zoraida perteneció desde su fundación al Centro Feminista Renovación. En 1923 participó como delegada, destacándose como conferencista en el Primer Congreso Feminista. Ese mismo año se le eligió vicepresidenta de la primera directiva nacional del Partido Nacional Feminista, organización de la que fue miembro durante las dos largas décadas de su existencia. Participó también como delegada de la Asociación de Maestros de la República en el Congreso Interamericano de Mujeres de 1926.
Después de prolongado silencio, en 1937 público: Cuadros, colección de poemas cortos de carácter intimista, que implica loable esfuerzo de superación. Enseguida la poetisa retornó a su mutismo. Dedicó sus últimos poemas a su ciudad natal.
En 1946 sufrió un derrame cerebral que la dejó casi paralítica. Le repitió en 1947 dejándola casi ciega. Murió el 14 de junio de 1948, en la ciudad de Panamá.


Algunas Poesías por  Zoraida Díaz 

Deseos,
por Zoraida Díaz

En dónde estás, alma mía,
que no te puedo encontrar,
ni en el cielo, ni en el mar,
ni en mi constante agonía?


Quiero ser rosa... botón,
ser celaje, rosicler,
ser todo... menos mujer,
con memoria y corazón.


Ser ola muerta en la playa,
ser rosa que se desmaya
después de vivir un día.


Ser toda yo, pensamiento,
y disolverme en el viento
en busca tuya… alma mía.


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Primavera,
por Zoraida Díaz

Bajo el encanto de este dulce amor;
hasta este sitio plácido y risueño,
el mar, como un antiguo trovador,
viene a arrullar con su canción mi sueño.


Y en medio de mi dicha me parece,
ver a la luz de un resplandor incierto,
que mi antiguo dolor se desvanece,
y a una vida de dichas me despierto.


Y cuando el mar me llama en esa hora,
en que la luz asoma en lontananza,
se me figura el arco de la aurora,
un plácido camino de esperanza!

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Ayer y hoy,
por Zoraida Díaz

Ayer mi corazón con broche de oro
guardó en su fondo, como en urna santa,
la fe, que todo en derredor lo encanta,
como preciado y celestial tesoro.

También allí guardó, con puro anhelo,
la Esperanza, evangélica y sagrada
que cual faro de luz en la jornada
alumbrase mi senda en este suelo.

Hoy, ya cayó sobre el rosal florido
y marchitó la luz de mi esperanza
el alevoso soplo del olvido.

Y rompiendo del broche la dureza
el blanco lirio de mi Fe sagrada
tronchó también su insólita fiereza.

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Tres de noviembre de 1903,
por Zoraida Díaz

Tarde de luz tropical!
El pueblo en masa corría 
porque en los pechos ardía
de amor patrio llama ideal!

Y en esa aparente calma
del mundo, cuando anochece,
más y más el pueblo crece,
con ansiedad dentro el alma.

Y a los últimos fulgores 
del astro sol refulgente
redoblaron los tambores...

Y el grito de libertad!...
se esparció en la inmensidad
como un perfume de flores!

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Fantasía,
por Zoraida Díaz


Cuando me da la pena su punzada
y el corazón reboza de amargura,
me parece que el alma en su tortura
se va... por los espacios, desolada.

Entonces, como el pájaro perdido
en la región que el gran misterio esconde,
mi pensamiento, sin saber a dónde ,
vuela... detrás del alma que se ha ido.

Y al volver a encontrarse es tal el gozo,
tan grata la emoción y el alborozo,
que olvidan su dolor y su honda pena,

y con flores de amor y de ternura,
en el misterio de la noche obscura
tejen una simbólica cadena.